El paro cardíaco repentino interrumpe el ritmo regular del corazón impidiendo el bombeo de la sangre al organismo. Es vital actuar con urgencia ya que las posibilidades de recuperación de la victima descienden de forma acelerada con el paso de los minutos.
La principal causa de fallecimiento en España son las enfermedades cardiovasculares, sobresaliendo de entre ellas, el Paro Cardíaco Repentino que, por si sólo, supera en número, a la suma de las víctimas de accidentes de tráfico (1), cáncer de pulmón (2)
e incendios(3).
Es importante y necesario diferenciar entre el paro cardíaco repentino y un infarto. El infarto es la consecuencia de la interrupción del flujo sanguíneo al corazón, siendo el paro cardíaco repentino una alteración en el funcionamiento regular del ritmo cardíaco.
Cómo se produce un Paro Cardíaco Repentino
Nuestro corazón es un músculo que suministra sangre a todo el cuerpo, órganos y células. Bombea regularmente 5 litros de sangre por todo nuestro organismo, a un ritmo de entre 60 y 100 latidos por minuto ininterrumpidamente durante toda nuestra vida, siendo este ritmo superior en los niños.
Este ritmo está controlado gracias a los impulsos eléctricos que salen del nódulo sinoauricular y llegan al nódulo auriculoventricular, manteniendo así un ritmo sinusal normal.
Sin previo aviso, este ritmo puede alterarse de forma caótica, dejando de bombear la sangre de forma regular e interrumpiendo la circulación sanguínea. Es lo que se conoce como fibrilación.
A partir de ese instante, cada segundo cuenta, ya que la muerte tendrá lugar en menos de diez minutos si no se aplica un tratamiento urgente.
La resucitación cardiopulmonar (RCP) y el suministro de una descarga eléctrica facilitada por un desfibrilador externo automático (DESA), son la única vía para que el corazón de la víctima pueda recuperar un ritmo normal.