Si se hiciera una encuesta entre los ciudadanos de cualquier población, sobre que tipo de personas son más susceptibles de sufrir un paro cardíaco repentino o que factores de riesgo aumentan las probabilidades de padecerlo, la mayoría respondería a un patrón muy concreto; varón, edad avanzada, con sobrepeso, alto nivel de colesterol, fumador habitual y con antecedentes de enfermedades cardíacas.
La realidad nos demuestra todo lo contrario. Cualquier persona, nosotros mismos, un compañero de trabajo o un familiar, con independencia de sexo, edad o antecedentes médicos, puede sufrir, sin previo aviso, un paro cardíaco repentino, en cualquier lugar y en cualquier momento.
La presencia de un desfibrilador semiautomático y la aplicación de la RCP (resucitación cardio pulmonar), pueden cambiar una situación dramática y salvar una vida.
Es muy importante diferenciar entre un infarto y un paro cardíaco repentino. La víctima de un infarto permanece consciente y con dolores agudos mientras que la víctima de un paro cardíaco repentino pierde el conocimiento de forma inmediata y en consecuencia, se desmaya, parándose su respiración y alterándose su ritmo cardíaco.
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